La sensación de ser

La sensación de que eres, sin añadir nada más, sin identificación alguna, solamente esa sensación, venga de donde venga, sin mente, sin cuerpo, sin ego… Esa sensación te lleva a ti mismo, es lo que en esencia hay en ti cuando lo que eres Es. 

Regresa a esa sensación sutil, que viene por sí sola y deja que llegue una y otra vez, de manera espontánea. Esta es una gran meditación, la meditación esencial, la meditación directa con tu Ser siendo, respirándolo, vivenciándolo. Ante la pregunta ¿quién soy yo? La respuesta es sin palabra y viene sola. La sensación de ser se hace presente y lo que Eres resplandece. 

Antes de la sensación de Ser ya eras. Ya eres. Solo es una sensación que te permite vislumbrar la esencia de Ser. Pero Ser está más allá de toda sensación. Es lo que permite que la sensación aparezca. Ser lo es todo. Sin nombrarlo, sin identificarlo. Todo es, ahora.

Aceptación

Cuando aceptamos el momento presente nos desidentificamos de una mente que cree en la ilusión de poder controlarlo todo. Cuando no aceptas hay la necesidad de control. La necesidad de control es la no aceptación -a causa del miedo- de lo que pueda suceder. Es el miedo entonces el que cree controlar a través del ego. Pero la aceptación completa del momento presente es la confianza plena en ti y en lo que es. Con ello la mente controladora se disipa y queda libre el ser, pues el ser se mueve libre al aceptar y aceptarse de forma total, siendo uno con la vida, fluyendo en el amor que emana de sí mismo hacia todo. Entonces emana toda la creatividad de la vida, surgiendo espontáneamente, sin esfuerzo. Eso es la libertad. Permitir que la vida sea, tal cual es.

Presencia


Deja que la vida sea. Deja que cada instante te abrace naciendo en él, con la frescura inocente de quien mira algo por primera vez y descubre que solo estar presente es ya el mayor de los regalos. Vive presente y consciente, fluye con la vida solamente Siendo... Respira libre del tiempo, en el ahora ilimitado, y ama...

Ser

Y se llega a sanar la raíz de todo conflicto reconociendo la paz y el amor sin límites que eres. Reconociendo esa plenitud original no hay conflicto, no hay carencia, no falta nada. Es una completa riqueza interior, al conectar con el ser que hay en ti. No depende de las circunstancias externas cambiantes.

Meditación en el ser

Una de las principales causas del sufrimiento es la insatisfacción. Mientras nos identifiquemos con el pensamiento limitante, que es la voz del ego, la mente experimentará miedo e inseguridad. Ese pensamiento limitante se traduce en "yo soy esto o aquello", otorgándole a ser una cualidad determinada y concreta, cuando el estado de ser puro es indeterminado e inconcreto, es uno con la totalidad, con lo absoluto. Y así no hay nada que se le oponga o le reste. Cuando la mente se une con el ser, medita en la realidad de su esencia. Al reconocerse el ser brilla la paz y la dicha en su plenitud, pues se entra en contacto con la auténtica felicidad, aquella que no puede cambiar, aquella que no es impermanente, sino siempre perfecta y plena.

Ahora

A cada instante puedes reconocer la verdad manifestándose. Nada es tan sencillo como eso. Mirar, escuchar, caminar... Y cada movimiento, cada sonido escuchado, cada mirada, pertenecen a algo sagrado llamado 'ahora', un acontecer que misteriosamente sucede, aquí, desde tu conciencia testigo, donde la vida es y late y vibra. La conciencia es el espacio vacío donde todo surge, nace y muere, se transforma. Un espacio impersonal que no tiene límites, ni juicios, ni etiquetas. Un espacio que se abre a lo inmenso inexplorado, a cada acontecer, a la verdad pura de este momento presenciado.

¿Quién soy yo?

Ante la pregunta: ¿Quién soy yo?, surge un silencio profundo, oceánico... Decir Yo Soy es identificar al Yo con Ser, pero si vamos más allá, diríamos ser, solo ser, sin yo... Y todavía más allá queda el silencio solamente, que responde a la pregunta y sustituye, cuando la búsqueda cesa, a la pregunta misma. 

Contemplación

Habitante de lo inhóspito
aquel que llega al silencio,
contempla y enmudece,
escucha la voz del espíritu.
Salvaje gramática sin palabras
hay en el desnudo ahora.
Sólo latidos de vida,
respiración y sollozo,
conciencia pura
abrazando el todo
y la nada.

Más allá de la conciencia

Los deseos de la mente no son tus deseos. Puedes observar a la mente proyectando deseos, carencias, ilusiones, planes de futuro, dudas... Puedes observar a la mente sin identificarte con ella, como un testigo impersonal que a nada se aferra. La naturaleza del ser es la conciencia impersonal que a nada se aferra. Por ella todo surge, pero nada la condiciona. Nada la toca, y por ello es perfecta. Sin dualidad. Sin identificación concreta. Siendo todo y nada. Tú eres el Ser. Tal conciencia perfecta. Y más allá de la conciencia todavía. Tú eres lo Absoluto.

No dualidad

Sin dos, sin palabras, sin conceptos. 
En la no mente la totalidad descansa, callada, pacífica, no nacida, sin opuestos. 
Unidad que todo lo abarca y nada reclama, original, intocada, sin nombre, ni forma o cualidad. 
¿Aquello que no tiene opuestos a qué puede oponerse, qué límites encuentra, qué obstáculo le puede acontecer? 
La verdad de esta conciencia pura es amor, amor de nadie y hacia todo, como un sol cuyos destellos iluminan este ser que amanece y que permanece iluminado por sí mismo, en su original amor de ser, en su conciencia universal dadora de vida y ausente de dualidad.

Océano del ser

Siempre es posible reconocer de manera directa la naturaleza real de uno mismo. Lo naturalmente obvio no necesita palabras ni rodeos o explicaciones. ¿Cómo explicar la presencia del sol si nos deslumbra con solo mirarlo? Así es la presencia del ser. Deslumbra de verdad, en su verdad presente, silenciosa, en ese espacio abierto donde toda manifestación o acontecer es acogido. Pues el vacío acoge, abraza todo sin distinción, al igual que toda el agua del mar es acogida por el océano en su pacífica inmensidad. En este instante reconoces tu naturaleza real, el océano del ser, la verdad, lo que siempre ha sido, es y será.

Descanso

Descanso en la infinitud de mí mismo. 
No hay nadie ahora, ni yo tan siquiera.
La noche vela en el crepitar de una llama. 
Pronto ha de llegar el sueño. 
No hay nadie en la infinitud de este instante. 
Todo sucede. Todo parece abrirse a lo sin nombre. 
Todo calla y es perfecto. 
Todo descansa, sin saber más nada, 
en la infinitud de nadie. 
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