El Corazón que siempre Somos

A veces es por unos pocos segundos pero la vida cobra sentido y el tiempo deja de ser la medida de todas las cosas... aparece el momento presente, el instante mágico que nos sorprende respirando, latiendo con la vida desde el corazón profundo, sintiendo lo que vivimos y viviendo con sentimiento... entonces la vida Es, resuena más allá del tiempo, se hace Eterna porque es verdadera, porque no se puede medir lo infinito. 

Lo primero es la Conciencia, ese milagro que nos hace darnos cuenta de que somos, de que estamos aquí, de que la vida está ocurriendo... Y lo segundo es Amar lo que somos, encontrar el sentido en lo Primordial, dar cabida e incluso poner en el centro de todo al Corazón. Pues no hay vida sin latido, no hay tiempo verdadero si no es sentido, no hay existencia real si el Amor no se convierte en el estandarte que une y guía y nos muestra el camino..

No hay vida sin el encuentro original con la esencia que somos, con el abrazo de la Existencia cuando le damos su lugar, nos detenemos frente a ella y la acogemos con profunda e incondicional apertura. No hay vida sin Conciencia, no hay Conciencia sin Amor, no hay Amor sin Corazón y no hay Corazón si no estamos presentes, si nos olvidamos de nosotros mismos, si pasamos de largo en busca de una ilusión futura y externa que nunca llega: deseos, éxito, fama, ganancias... Soñando una efímera ilusión cuando ya está en nosotros lo verdadero, muy dentro, en lo profundo, en el ahora, en el cálido amanecer del Corazón que siempre Somos.

La sabiduría del silencio y del no saber

En el silencio la verdad no tiene nombre, no pertenece a nadie... En el silencio la verdad resuena para quien la escucha sin buscar un nombre que la aprisione.
La verdad es sin nombre, es libre, es un canto de amor callado del universo que palpita en el corazón humilde del no saber.
Este no saber es sabiduría, inocencia, verdad sentida, conciencia plena de ser. Este no saber es meditación.

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