Otoño


El bosque te guía. Sigue los pasos
que la tierra marca con su latir sonoro.
Silencios de luz entre hojas de otoño.
Pájaros que cantan al viento 
sobre ramas de árboles.
El otoño se huele en los colores ocres
que tapizan la tierra. Parece que la vida
hubiera sido, pero algo se escucha 
en sus adentros: más vida llegando
a su destino, el milagro de una nueva calma 
que brota sembrando de culminación 
lo transitado.
Ahora el bosque trae toda su sabiduría.
Saber callar, saber morir, saber vivir en paz
y recobrar la sencillez de este instante
lleno de vida y de belleza en su callada 
sinfonía de despedida

Conciencia plena. La vida es Ahora

Percibe todo tu cuerpo, tu respiración y el lugar en que te encuentras, sin juicios, sin análisis, nada más que con el único objetivo de observar con inocencia lo que ahora mismo puedes percibir. 

La vida no debería reducirse a un programa que repetimos cada día, sino que sería preciso valorar el  espectáculo de la conciencia que supone. Un acontecimiento que puede ser pasado por alto, distraídos o aferrados al ruido mental, o bien ser sentido como presencia pura y natural, con total apertura a lo que Es. Este es el verdadero acontecimiento de la vida. 


Ser presencia desde una claridad y apertura amorosa sin otros añadidos; sin pasado ni futuro, en este momento único en que la vida proclama, al vivirla plenamente consciente, que Eres.

Ahora



Cuando la paz se establece el tiempo se disuelve, solamente existe el eterno ahora, la dimensión sutil del corazón expresándose mediante el soplo de vida. Cada respiración es un baile interno del alma con el mundo entregándose en unidad al ritmo viviente del ahora. 

El Corazón que siempre Somos

A veces es por unos pocos segundos pero la vida cobra sentido y el tiempo deja de ser la medida de todas las cosas... aparece el momento presente, el instante mágico que nos sorprende respirando, latiendo con la vida desde el corazón profundo, sintiendo lo que vivimos y viviendo con sentimiento... entonces la vida Es, resuena más allá del tiempo, se hace Eterna porque es verdadera, porque no se puede medir lo infinito. 

Lo primero es la Conciencia, ese milagro que nos hace darnos cuenta de que somos, de que estamos aquí, de que la vida está ocurriendo... Y lo segundo es Amar lo que somos, encontrar el sentido en lo Primordial, dar cabida e incluso poner en el centro de todo al Corazón. Pues no hay vida sin latido, no hay tiempo verdadero si no es sentido, no hay existencia real si el Amor no se convierte en el estandarte que une y guía y nos muestra el camino..

No hay vida sin el encuentro original con la esencia que somos, con el abrazo de la Existencia cuando le damos su lugar, nos detenemos frente a ella y la acogemos con profunda e incondicional apertura. No hay vida sin Conciencia, no hay Conciencia sin Amor, no hay Amor sin Corazón y no hay Corazón si no estamos presentes, si nos olvidamos de nosotros mismos, si pasamos de largo en busca de una ilusión futura y externa que nunca llega: deseos, éxito, fama, ganancias... Soñando una efímera ilusión cuando ya está en nosotros lo verdadero, muy dentro, en lo profundo, en el ahora, en el cálido amanecer del Corazón que siempre Somos.

La sabiduría del silencio y del no saber

En el silencio la verdad no tiene nombre, no pertenece a nadie... En el silencio la verdad resuena para quien la escucha sin buscar un nombre que la aprisione.
La verdad es sin nombre, es libre, es un canto de amor callado del universo que palpita en el corazón humilde del no saber.
Este no saber es sabiduría, inocencia, verdad sentida, conciencia plena de ser. Este no saber es meditación.

Meditar es ser consciente



Meditar es ser consciente. Sentir, observar, escuchar, respirar, percibir, oler, tocar... todo esto es meditación cuando lo hacemos de una manera consciente, cuando hay conciencia en la vivencia del momento presente, en lo que sea que acontezca. 
Así esta vivencia se vuelve plena, vital, sanadora, profundamente reveladora y transformadora.

Encontrar la paz interior

El verdadero descanso sucede cuando hay calma y paz. A veces necesitas ese descanso perfecto, donde te rindes completamente a este momento y dejas que tu cuerpo y tu mente se abandonen al silencio, al no hacer, al dejarse ir... Y entonces aparece el milagro, el éxtasis de la quietud que nos regala una paz inconmensurable. 

Pero estamos completamente absorbidos por el hacer, parece que si no hacemos el mundo se acaba y realmente ya no sabemos cómo dejar de hacer a no ser que sea a través de llegar al agotamiento, al ejercicio agresivo, de llevar al cuerpo y a la mente al límite de sus posibilidades. Pero ese agotamiento no trae descanso ni renovación, solamente añade más desasosiego, lucha y sufrimiento porque hemos perdido la capacidad innata de escuchar lo que nuestro ser necesita, que incluye parar, descansar, sentirse, meditar, relajarse en la respiración natural y consciente. Pero, ¿y cómo hacer eso? Esa es la eterna pregunta de la mente. Pregunta sin respuesta, porque la pregunta correcta sería: ¿Cómo no hacer eso? Es decir, todo pasa por la comprensión de que tu estado natural es la paz y el reposo. Si esa comprensión llega, ¿cómo no estar ahí?, ¿cómo no estar en lo natural? Mas allá de la acción o la inacción el reposo es el trasfondo que nos sostiene. Incluso cuando la acción sucede puede haber paz de fondo. 

Al igual que el barco navega y el océano no se inmuta por el barco, el océano solo es el trasfondo que permite el viaje. Incluso aunque la superficie del océano esté revuelta el fondo del océano permanece inmutable y sereno. Así que, ¿cómo dejar de hacer? Eso no es posible, sería otra acción. Todo pasa por ser conscientes, por darnos cuenta incluso de la imposibilidad de no hacer. Darnos cuenta de nuestro estado, sin negarlo, sin huir de él. Este es el primer paso. Ser responsables de nosotros mismos. Nada ni nadie más puede tomar conciencia de nuestro estado, ni puede sanarte. 

La sanación está en ti y en permitirte primeramente ser lo que eres. En permitir que haya lo que haya, ahora. Entonces no estarás luchando continuamente. La mente no estará yéndose continuamente a otros lugares. Estarás aquí y ahora, contigo, en lo que sea que quiera que haya. Y así irás reconociendo de nuevo ese trasfondo de calma que hay en ti, ese océano profundo inmutable más allá de las circunstancias. Ese espacio sagrado que hay en ti y que está siempre presente. Entonces este instante sagrado se convierte en tu morada de descanso genuino, verdadero. Has vuelto a conquistar tu ser natural. Entonces, la pregunta será: ¿cómo no estar aquí si es lo que soy?, ¿cómo no voy a amar si soy amor?, ¿cómo no sentir paz si soy paz? Paz pura y serena, bañada por un océano inagotable de amor.

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