Contemplación

La luz del ser brilla con claridad serena cuando la presencia del momento carece de identidad. Solamente todo es, sin nadie que vea, sin nadie que escuche... Solo hay ver, escuchar... desde el vacío, desde la no forma que todo lo contiene y se expresa en silenciosa receptividad no limitada. Pura libertad el contemplar de nadie contemplando. Contemplación, nada más. 

Ahora

Después de todo, la vida siempre es ahora. 
Antes de todo, la vida siempre es ahora. 
El tiempo es una ilusión de la mente, 
pero la vida es del ahora: semilla de lo eterno. 
Al despertar de la ilusión la semilla es también el árbol, 
el río, el universo, el silencio, la flor y su aroma, 
el atardecer y el canto de los pájaros, la niebla, 
el frondoso bosque, la montaña y su quietud majestuosa, 
la alegría y el abrazo, la verdad y el amor 
coronando todo lo vivido, 
el sublime poema de cada instante 
que se respira y se siente solo ahora... 
y siempre.

La vida ahora

Al comprender que la vida es ahora no hay otro momento que deba ser vivido. Se siente lo infinito al reconocer que no hay otro momento para que el corazón se abra a la vida y sea auténtico con lo que siente. De ello depende ser eternos o solamente una ilusión de la dualidad. Lo eterno es amor real, verdad que se constata en la propia respiración, cuando es plena y consciente, experiencia sentida y trascendente, éxtasis corpóreo, romance de presencia con los propios sentidos y su acontecer desnudo. Vivir, solo ahora. Descubrir este momento como todo lo necesario y comprender que el amor real es eterno al hacerse presente.

Siendo lo que eres

Siendo, con lo que trae la vida, desde lo que la vida es. Siendo e integrándose todas las cosas en la unidad del ser, en la apertura del sentir, en la escucha atenta y silenciosa que honra el momento sagrado, cada momento, pues todos lo son, los que aquietan, los que mueven, los que cesan, los que comienzan... 
El río fluye y nada parece ser igual, la vida cambia, el sueño se transforma, pero permanece la unidad, la esencia profunda, lo que nunca puede cambiar, lo que siempre hemos sido, somos y seremos. Lo que ha podido olvidarse pero nunca dejado de ser. Y ahora, desde aquí, se puede reconocer, comprender, sentir... 
Lo absoluto resuena en el silencio del ser, lo auténtico te abraza y el ser se entrega a esa paz sin límite, de abundancia infinita, de vacío pleno y sencillo, transparente, amoroso, sereno... 
Nada falta, todo es perfecto, todo es lo que es, todo permanece y puede ser amado ahora: en su dicha serena y siempre completa.

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