Presencia, paz

Inclínate ante este momento,
escucha el silencio
que envuelve cada instante de presencia.
Reverencia este instante porque la vida habla en él, 
habla desde la conciencia,
desde la sensación de ser,
desde el espacio que habitas
y observas con la mirada atenta.
Cada instante es el único instante,
cada segundo es ahora,
sin nada antes ni después,
limpio de tiempo,
desnudo de fluctuaciones,
simple, sincero, puro...
Así es este instante santo de presencia
ante el que te inclinas y reverencias...
Siempre te inclinas ante ti mismo
y reverencias a tu propio corazón.
El silencio es el incienso purificador,
la fragancia sanadora,
el bálsamo que nos retorna
a la inocencia eterna,
a la sonrisa sin motivo,
a la gracia enamorada.
Sin una meta a la que llegar,
pues el ser está siempre
y es contigo ahora.
Y ahora,
descansas en la paz.

Yoga y conciencia integral


Conciencia integral equivale a decir 'yoga', se refieren a lo mismo. Integrar es unir, juntar las diversas partes para constituir un todo. Una conciencia integral no excluye nada de lo que pueda estar aconteciendo, dentro o fuera, todo se integra constituyéndose una unidad. En el yoga, durante la ejecución de una postura (asana), cualquiera que sea, todo lo que empiece a suceder ahí es recogido por la conciencia, por una atención plena puesta en la respiración, en las sensaciones del cuerpo, en lo que sucede fuera y cómo nos influye dentro... Una atención plena puesta también en las fluctuaciones mentales o en los sutiles recorridos de la energía o prana atravesando nuestro cuerpo y los chakras. Todo es conciencia, nada queda fuera, todo se integra, y, por supuesto, esa conciencia se expande, se hace infinita, acogiéndolo todo, abriéndose al continuo suceder... Y eso, esa apertura, puede llamarse también amor. Es, sin  duda, esta conciencia integral a la que nos referimos, amor. Un amor puro, que no juzga, ni excluye, ni separa. Un amor, por el contrario, como su verdadera naturaleza refleja, que une, integra, acoge, abraza, sostiene, recoge... Un amor que todo lo da al mostrarse dispuesto, entregado. Un amor que une todas las partes en su naturaleza integradora. Un amor que es conciencia integral, el yoga más real, la unión más verdadera. La unión del todo, la ola que es una con la inmensidad del océano.

Sobre el silencio

En el silencio la vida se percibe como lo que es. Clara, sencilla, serena. Nada la perturba, y esa claridad ahonda en el corazón, esa desnudez del silencio transparenta el alma, aquieta y aclara el espíritu, sanando y vivificando el instante. El silencio es un bálsamo que desvanece el tiempo, llevándonos a una dimensión donde ya nada queda por hacer, salvo detenerse y escuchar el instante callado de lo eterno.

Silencios

En la quietud de los instantes 
el silencio se desprende como hojas secas 
mientras el viento las mece y acaricia. 
El silencio susurra, como la voz del viento, 
su misterio y su profundidad, 
su espacio sin materia, su eco infinito..

Instante de presencia

Sólo es necesario un instante para ver nuestra naturaleza real, pues es presente puro, presencia sin sujeto ni objeto. Un instante sin mente, sin cabeza, sin pensamiento. Un instante solamente, más allá de la linealidad del tiempo. Un instante sin principio ni fin. Un instante siendo en un ahora oceánico, desbordante e inmenso, unificador.

La naturaleza real del ser



La naturaleza real del ser brilla en un no saber inmenso. Se hace presente en lo ilimitado, en el misterio sublime, en lo perplejo... El último peldaño de la sabiduría es como el primero, la inocencia. El último peldaño del saber nos arroja al no saber, y el ser mora ya más allá de una mente o de una razón medible. El ser mora en otro lugar, en otra dimensión, en otro espacio ilimitado, sin fronteras. El ser mora en el corazón, en la dimensión de lo eterno, en el paraíso de los silencios pacíficos y de las simples verdades calladas. El amor susurra como música que mece el alma y la envuelve en el sentir de la esencia inmutable, verdadera. La naturaleza real de uno está siempre con uno mismo, pues es lo que somos. Morar en ella, saber de ella, sentirla, realizarla... es caer en el amor del ser. Y así, sin palabras, el ser se expresa... y respira lo eterno.
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