Vibración de luz

En las regiones del éter (akasha) todos los mundos se hallan. El yo contempla el Todo y descubre que no hay un “yo” separado sino un único todo completo. La fuerza vital (prana), el aliento espiritual, nos conduce por esta verdad cuando el corazón es el punto de partida y la meta, en un camino de continua llegada. Es aquí donde el samadhi, ese estado de meditación de profunda quietud, se asienta en uno y despeja cualquier brizna de dualidad por medio de una vacuidad presente y serena. El Uno resplandece como llama en el corazón de vida y luz. La vibración del corazón es la causa del sonido, del mantra Om resonando como raíz de todos los demás sonidos. El sol de la conciencia da su calor y anima las formas e imágenes (yantras) del cuerpo interior (antahkarana) desde el infinito corazón de luz. La manifestación tiene lugar y el yogui ya no está ahí, no hay nadie que vea o que oiga, sólo hay vista y oído nada más. Comprensión. Sólo está el Corazón, el Ser, latiendo. Es un estar que es ser, una alquimia natural que es el yoga mismo: el ser gozándose, conociéndose, a sí mismo. Lo no nacido vibra en un nacimiento eterno.
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