El amor


El amor es la presencia, es la nítida certeza de ser, es el abrazo con un no tiempo esencial, con un silencio no tocado por nada. El amor abraza la eternidad, saborea la unidad, siente el tacto de la verdad y del instante mágico de la conciencia. El amor se escucha como una intuición, como una certeza, como una sensación de ser, como una absoluta sensación de Dios. El amor se presiente y se presencia, late y toca al alma, al cuerpo, a todos los órganos y estados del cuerpo, a todas las células y espacios interiores. Vibra como una cascada, palpita un aroma de flor paradisíaca, sacia toda sed en manantiales sagrados. 

El amor contiene todo el cosmos en un solo corazón y a todos los corazones en un solo cosmos de unidad. El amor se enamora del silencio, del alma idéntica a su misma esencia, de un compartir que no necesita nombres, ni causas, ni explicaciones. El amor es innegable, es el poder del que todo emana, es el aliento que nos anima, es la exhalación que nos descansa. Es, en definitiva, la respiración que nos hace eternos, la presencia que nos olvida y nos recuerda el Todo, milagrosamente nacidos en la inocencia, donde yo soy tú, y tú eres yo.
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