Conciencia universal


Búscame en las fuentes doradas
y en las grandes puertas que llevan al cielo.
Búscame en los manantiales cristalinos de agua
y en el reflejo de unos ojos puros.
Búscame allí afuera, dondequiera que mires,
pero no olvides que estoy dentro, que me ves
siempre desde dentro tuyo. Que eres tú mismo lo que ves.
El final de la búsqueda es el eterno encuentro.
Siempre hemos sido lo mismo: el mismo cielo,
el mismo mar, el mismo silencio…
Siempre hemos contemplado el mismo infinito al mirarnos,
la luz revelada del alma, el amor sin espejismo.
Una vez el silencio nos dejó sin palabras,
el mundo se hizo mudo y se reveló la verdad
como un continente de luz enamorada.
Y en ese silencio hablaron las almas:
Ven, te dije, regresemos a la luz.
Ven, como el viento, directo al sentir
del tacto consciente, directo al contacto
del ser hallado. Y la luz nos tocó
difuminando nuestras almas en un solo brillo,
en un solo esplendor, en un solo corazón.
La claridad avanza, el sueño despierta,
el mundo es la ofrenda del amor.
El río de nuestras vidas
llega al mismo mar de quietud.
Somos uno, por siempre,
en la conciencia universal.
Dondequiera que estés,
dondequiera que sueñes,
ya no hay olvido
para esta verdad
de eterna unidad.
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