Silencio escuchado


Busca la fuente en la que te has de bañar, es decir, permite que el silencio sea esas aguas que te revivan en el ser: que purifiquen tu conciencia de nacimiento total. Un baño así, desnudo de cuerpo y de memoria, simboliza un auténtico renacer. En ese baño se abandona lo que nos impide callar, ese rumor que niega a la claridad entrar y mostrarnos en lo profundo ese gran paisaje que sin necesidad de hacer nada, por siempre está. Es la fuente que da luz a la vida y que permite que veamos no sólo las formas que ella colorea sino la luz misma en su potencia.  En el silencio la mirada regresa a su fuente y descansa en la plenitud original: en la quietud del comienzo, en la raíz antes de la raíz, en la creación antes de ser creada y que ya contiene todo lo creado. La vida nace, se crea millones de veces cada segundo, desde ese origen que ya es todo el tiempo y toda la eternidad. Es la fuente primordial, el gran Tao, en que nos bañamos naciendo originales a la verdad completa: aquello que eres ahora y siempre. El hombre, la tierra, el sol, el universo, lo infinito... contenidos en ti y tú contenido en ellos. Latente y partícipe, silencioso y creador, tangible e ilimitado. No hay diferencia ni separación alguna al mirar el todo desde el todo.

Total como el ahora, tu corazón puede estar aquí, en este instante sin tiempo. Estar en la presencia para divisar lo indiviso, la exactitud del presente. Todo lo que hay aparece en el presente, sin pasado ni futuro, regalándonos la calma de lo completo, de una realidad ya realizada y mostrándose tal cual. Por ello, el presente no tiene tiempo, es el único punto del tiempo que verdaderamente vivenciamos y desde el cual se puede vivenciar igualmente la eternidad. El presente es la morada del ser, el punto donde nace continuamente lo no-nacido, lo perpetuo existente, la llama constante que moviliza la manifestación de las cosas del mundo. Por ello, estar en el presente es estar donde está todo, y el único esfuerzo que requiere lograr esa presencia es tomar consciencia de tu estar aquí. Esfuerzo aparente, pues aunque no tomes consciencia siempre estarás aquí en el presente. Esfuerzo, por tanto, que consiste en abandonar todo esfuerzo para dejarse ser en lo que es. No en la mente, que sólo sueña ser; sino en la conciencia-testigo, aquella que ve el sueño de su estar desde la realidad del ser. Realidad incognoscible, pero que nos penetra como el aire en lo vital del presente. Realidad invisible, pero que da luz a la vista y con ella a todos los fenómenos de la conciencia, no siendo los fenómenos la luz misma sino la conciencia en que aparecen, que ilumina a todos por igual, sin preferencias ni distinciones. Realidad, en conclusión, que, de sólo estar ahí, ya es realización.
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