Meditación

Meditar es ser tú mismo, aquí y ahora. Al igual que la flor no hace nada por ser una flor -sencillamente lo es-, del mismo modo no requiere de ningún esfuerzo ser quien eres. ¡Qué libertad! En la meditación, al conectar contigo de un modo natural, floreces a cada segundo de conciencia, de forma plena y profunda.

Sobre la naturaleza del amor


El verdadero amor no tiene fronteras, ni experimenta separación alguna. El verdadero amor nada pide ni exige, pues solo se expresa como entrega, libertad y dicha plenas. El verdadero amor es lo que queda cuando nos desprendemos incluso de nosotros mismos, del sentimiento de individualidad, que es el que crea separación y conflicto. Por eso el amor es sinónimo de no-dualidad. No es un estado, pues para que haya un estado alguien ha de estar ahí experimentando ese estado. ¿Y quién está ahí cuando el amor es? Este amor esencial del que hablo desintegra todo átomo de individualidad.

Amor es presencia plena, desapegada, en comunión con la realidad, en el aquí y ahora. Este tipo de amor sana siempre, es amor espiritual. El amor espiritual es la consecuencia de la dicha y de la paz en uno mismo, es decir, de un profundo y absoluto amor propio, no en el sentido del ego sino amor hacia la naturaleza real de uno: el ser, lo que nunca cambia, el gozo profundo de la comprensión del Sí-mismo (lo Absoluto). Solo alguien que parte completo, que comprende su naturaleza real, que sabe que nunca ha estado separado ni le faltaba nada para ser, solo ese puede amar de una forma completa, porque todo su amor, su amor sin límites, ya va con él: y este amor jamás se agotará ni un ápice aunque no cese de derramarlo por doquier allá donde vaya. Esa es la naturaleza real del amor: tu naturaleza. Este amor sana. Es compasión, es un bálsamo para la persona amada. Es lo mejor que podemos ofrecer de nosotros mismos a los demás, porque es auténtico.

El amor no nace ni muere. Por eso es eterno. No tiene ni principio ni fin. Por eso es infinito. Está aquí, pero la mente (el ego) no lo puede atrapar, al igual que uno no puede atrapar el vuelo de un pájaro: puede tomar al pájaro (el concepto), pero no su vuelo, no la belleza de su libertad siendo. El apego es el esfuerzo por atrapar lo inaprensible. El desapego es simplemente el fluir en la expresión de la realidad: aquí y ahora. Ligero, sin artificios, sin cargar a tus espaldas el peso de las piedras que vas recogiendo en tu camino. Eres libre. Para volar y planear por el cielo de tu felicidad has de liberarte de todo lo que llevas cargando a tus espaldas. Para volar has de arrojar todo temor, viendo que todo lo que eres es aquí y ahora y que este instante -siempre pacífico y directo- es la completa expresión que tienes ante ti de tu naturaleza. Así pues, "ama y haz lo que quieras", porque cuando todo lo que haces es hecho con amor, eso siempre es verdadero y puro, natural.

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Eterno romance


Respiro el amor que crece en tu silencio,
flor eterna de luz cuyo aroma me recorre.

Respiro este instante absorto de quietud dichosa.

De pronto aparezco entre universos silenciosos, desaparezco,
y todo nace del fulgor como astros milagrosos: confines de paz
que trascienden los ojos que la buscan, hallando frente a ellos
el encuentro invisible, sin forma y sin tiempo,
de lo unánime.

Mi alma es el aroma del ser que siempre fue. Ahora lo sé.
Siempre lo supe. Siempre fue eterno este romance.

Romance sagrado del ser fundiéndose consigo mismo
en medio de esta luz cálida e infinita
que suavemente alumbra la noche.

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