miércoles, 23 de noviembre de 2011

Esplendor de lo eterno


La vida es instante de lo eterno
y para lo eterno.
El mundo cambia, todas las cosas,
pero aquello que percibe el mundo,
ese que lo presencia y conoce,
no cambia y es sin mundo,
pues todos los mundos son en él.

Florece la rosa en la melodía del tiempo,
pero su semilla ya contenía su esplendor eterno.
Eres la rosa que siempre ha sido rosa
antes de su nacimiento y de su muerte.
Eres lo sin tiempo puesto en el tiempo,
la luz que resplandece y da vida a los objetos.
Tu aire es el amor y tu alimento la paz del silencio.

Más allá del tiempo está tu hogar verdadero,
la rosa, el mar, la razón de toda dicha,
el esplendor del instante que abraza lo eterno.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La eterna evidencia de ser



Toda auténtica enseñanza espiritual nos dirá: "sé tú mismo". Este es el método directo. Quizás uno se pregunte, ¿cómo he de ser yo mismo?, ¿qué he de hacer para ser yo mismo?; y vemos que la pregunta es por sí misma tautológica: no se puede hacer algo en concreto para ser lo que somos. Es por ello que ser uno mismo es la forma directa de experimentar nuestra verdadera esencia. La esencia de lo espontáneo y natural, de lo inocente y eternamente evidente: aquí está la respuesta tan buscada, en lo que eres, en ti.

Deja atrás todo esfuerzo y también incluso abandona todo esfuerzo por liberarte del esfuerzo. Así de sencillo es, no hay que hacer nada. Sé tu mismo, regresa al punto de partida que es también el de llegada, el punto cero que es sin tiempo y sin espacio y por ello absoluto en su real presencia: aquí, ahora y siempre. El punto que nace del vacío y que todo lo comprende. El punto del que los mundos son creados y regresan a su silencio sin nacimiento en el sueño profundo. El punto que todo lo comprende y que se manifiesta natural, autoevidente, en tu sensación de ser. Esta es la eterna evidencia que vive en nosotros: Ser.

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