¿Quién soy yo?


“¿Quién soy yo?” Cada vez que hacemos esta pregunta conectamos con nosotros. Llegar a este conocimiento último, a la respuesta, no requiere de tiempo ni de espacio, no hace falta ir a ningún lugar en concreto ni tampoco pasar por un largo proceso de días, meses o incluso años de aprendizaje. La maravillosa esencia del Ser es que está todo el tiempo contigo, que te acompaña y vive en ti a cada instante, a cada paso que das. Ese ser que buscamos, esa verdad que indagamos para liberarnos de nuestro dolor, preocupaciones y limitaciones, está dentro de nosotros, está más cerca de nosotros que nosotros mismos. Y es, por esta razón, algo exclusivamente vivencial.


Cuando hacemos esa pregunta: “¿Quién soy yo?”, puede que la mente, siempre dispuesta a crear y resolver problemas, a recoger ideas, palabras, identidades… quiera responder, pero la mente aparece a ese mismo ser que ya lo es todo, como una ola aparece en el inmenso océano y no por ello esa ola es el océano. La entrada al ser es la apertura total a la conciencia, no requiere de puerta pues nunca ha estado cerrada. Es la entrada a ese vasto espacio sin límites cuyo sonido, cuyo sentido, es sustanciado por el silencio.

El silencio es la música del ser. Es aquello que expresa la libertad en la paz de su canto; un canto capaz de hacernos habitar el infinito. Preguntarse “¿quién soy yo?” es señalar la esencia nuestra, y esta esencia no deja ni por un segundo de susurrarnos la respuesta. Escucha, pues, con la luz del ser, ese silencio revelador donde desaparece el que pregunta, el que responde, y donde sólo queda lo que es, la completa calma y quietud del silencio, del amor, de la dicha.
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