No-mente

En el silencio, en la claridad del no-pensar, la mente está ausente, y con ella todas esas ideas insistentes de posesión y egoicidad. Ahí ves que todo es una ilusión. Ahí comprendes que aquello que eres trasciende todos los fenómenos que buscan atrapar lo inaprensible, tu esencia propia, ya que es imposible llenar lo completo si no hay objeto alguno que llenar. Lo completo está siempre lleno, y para reconocerlo, para ser eso completo, lo único que hay que hacer es dejar de buscarlo, de intentar conquistarlo y de rellenarlo vanamente.

Este hacer inclusive, es otra ilusión, pues dejar de buscar equivale a dejar de hacer, a no implicar a un ego que creemos ser para llevar algo a cabo. Así, desposeído de todo intento de posesión, libre y vacío, eres conquistado por la verdad, cuando la maleza queda despejada y miras directamente, sin medios, ni fines, ni expectativas, ni proyecciones, ni identificaciones, a la gracia que reside en este momento presente, sólo aquí, ahora y siempre.

Más allá del tiempo, más allá de la mente. Aquello que miras y aquello que es visto son uno solo. La Unidad es inequívoca, inmediata. No es necesario seguir sumando cuando lo infinito es principio y fin de todo instante. No es necesario seguir hablando cuando descubrimos que la verdad solo se manifiesta silenciosamente, es decir, en una mente silenciosa, es decir, en una no-mente.
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