Conciencia de amor y luz


No sabemos qué es el tiempo, pero lo presenciamos día a día. Del mismo modo nos presenciamos a nosotros mismos en el tiempo y sin embargo, siempre somos, más allá de las circunstancias, de los cambios y devenires. Siempre somos el ser, eso es en lo que devenimos siempre, pero solemos agregar todo tipo de cosas que confundimos como lo esencial en nosotros, cuando solo son circunstanciales, sin sustancia propia. Así nace el sufrimiento, al identificarnos con lo que creemos ser, cuando esta falsa identificación nos gusta nos dejamos llevar por el placer, un placer momentáneo y con sabor a vacío. Cuando esta falsa identificación no nos gusta, que es consecuencia de lo anterior, de descubrir que aquello que pensábamos que éramos se marcha, termina y queda la carencia, aparece el dolor, el apego y la desdicha. Este ir y venir, forma parte del juego de la mente y sus opuestos en constante intercambio. Sin embargo, más allá de eso, de esa ilusión temporal, hay alguien mucho más grande, un testigo inalterable del espacio de la conciencia, que es constante, puro y completo. Si intentamos identificarnos, apegarnos a eso, ya estamos entrando en la falsa identificación, puesto que aquello que es real e ilimitado, constante dicha y verdad, queda reducido y limitado al pasarlo por el filtro de la mente condicionada.
Una mente dispuesta a nacer a cada segundo, en el ahora, en la pulsión del instante, es una mente iluminada por la inteligencia, el foco de la luz de la consciencia que nos permite discernir lo real de lo irreal, lo que somos de lo que no somos. Una mente así es sencillamente una mente natural, aquella que no está desorientada por sus condicionamientos externos, sino que vive en armonía consigo misma, dirigida espontáneamente por el corazón, raíz y alma de sus actos auténticos, con su sabor propio, desde el aliento de su íntima verdad. Solo hay que dejar de buscar fuera la imagen que nos refleje y comprender con el amor que todo lo que hay fuera es luz y espejo nuestro, mirada y vislumbre abierto de nuestra alma latiendo de vida, serena al reconocer en todo su aroma y hogar, constantemente fresca y renovada por su autenticidad: conciencia de amor dándose a sí misma y expandiendo su aroma en todas direcciones, de forma natural, al ser, solo ser, lo que siempre es, la luz del ahora que todo lo ilumina con la verdad del ser.

Texto en audio, leído por José Manuel Martínez:

Publicar un comentario

Entradas al azar

Entradas populares