Fluir

Dejarse llevar por la vida es un aspecto fundamental que está quedando muy relegado en nuestro modo de vida actual. Acostumbrados a pensar que somos los hacedores de todo, a sentirnos responsables de lo que hacemos, de los resultados, vivimos continuamente en una situación de profunda inestabilidad, a expensas de los efectos exteriores, los cuales motivan o desmotivan nuestro comportamiento ulterior. Vivir para el mañana equivale a abandonar lo que ahora somos, que es todo lo que en verdad podemos ser. La realización siempre es presente. Siempre está aquí, desplegada y visible.


Vivir dejándose llevar no supone dejar de hacer sino comprender que todo lo que sucede ocurre porque ha de ser así, es decir, porque la vida, en su fluir natural, nos va llevando a donde ha de ir. Mediante una actitud tranquila, de observadores de nosotros mismos, nos desidentificamos de aquello que afecta al ego, trascendiendo la ilusión de lo que no somos y entrando en un espacio de libertad interior, fluida y espontánea, donde no hace falta ser algo en concreto para ser, pues libres de elegir, de dividirnos, estamos abiertos a la gracia del presente, el cual nos da todo sin pedir nada a cambio. No llevamos ni arrastramos a la vida, somos llevamos por ella. Esta es la semilla de una libertad capaz de crecer por sí sola, pues toda semilla lleva inserta la conciencia de crecer, madurar, dar frutos.
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