La paz del silencio

El sabio no trata de llegar a ninguna conclusión, a ninguna comprensión intelectual sobre la vida, sino que únicamente vive de lleno el misterio de ser, sabe que no es cuestión desvelarlo y por ello solo mora de forma espontánea en él. Él mismo es ese misterio, experimentando eso ya se conoce por siempre: pues vive lo que él mismo es. En el silencio aparece ese misterio, ahí nada lucha con nada, sólo queda paz eterna, unión total sin dualidad alguna. Cualquier aparente dualidad se disuelve en comunión serena con el silencio. Cuando ya no queda nada por hacer, comenzamos a ser. Ahora mismo puede ser el momento apropiado para ello.

Todo momento presenciado vivamente llama a la quietud en el abrazo hondo del silencio, en la mirada contemplativa que se funde en las cosas; siendo ellas mismas -prodigio presente- la respiración del ritmo natural del mundo y sus instantes. No hay separación en el ser, todo aparece por sí mismo y su acontecer se funde en la visión no-dual. No hay lucha mental, ningún conflicto ni anhelo alguno, pues todas cosas siempre han sido y son lo que son, sin nada que añadir o quitar. Cuando el sujeto, la identidad individual que prefigura la separación, está ausente, no hay objeto al que agarrarse y tiene lugar la libertad total, la unidad, la no-dualidad. La paz del silencio es un vasto océano cuya esencia palpita en el corazón del ser, en la luz brillante de la conciencia.

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