La búsqueda callada

Buscar, por medio de la mente, es una cuestión de discurso y -como tal- éste se mantiene cerrado en sus propias significaciones e interpretaciones, en sus propias creencias y búsqueda de resultados condicionados por la lógica de su discurrir. Pero existe una búsqueda que va más allá de la mente: la búsqueda callada. Aquella que toma el sendero del silencio para profundizar, desde el abismo de su no-saber, hacia aquello desconocido, que no se puede nombrar o que renunciamos a nombrar, viendo de este modo aquello que existe en lo más recóndito de nosotros.

Al entrar en la búsqueda callada, renunciamos a dar nombre, a aferrarnos a una forma, para abrazar a todo el ser desde el ser, libre de etiquetas y de sombras acostumbradas. Supone olvidarse de todo para avanzar, sin agarrarnos del brazo de la mente (ese mapa de creencias que programa nuestro recorrido) y así dar un paso sincero, valiente y completo, por esa región sin tiempo que llamamos ‘ahora’, sin antes ni después, nada más que posada –desposada- en el instante presente que supone todo lo que somos, el acontecimiento siempre inexplorado y en continua viveza del estar siendo. La búsqueda callada es el vehículo más propicio para visionar la conciencia, donde el testigo desaparece y sólo queda lo que es visto: nosotros y el mundo en un mismo plano.

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