Más allá del ego

¿Cómo podría conllevar esfuerzo la meditación? Es muy habitual que la primera vez (o las muchas primeras veces) que nos sentamos a meditar la mente no se siente con nosotros. La mente quiere volar hacia el ego, necesita reafirmar su existencia de alguna forma y por medio de la identificación se da identidad. Pero todo ello forma parte de la ilusión del ‘yo’, de un ‘yo’ individual, separado, que inevitablemente sufre por ello, porque en el fondo de su devenir, busca la unidad. En el aquí, llevando el ego al ahora, éste es despojado de su egoicidad, pues queda sólo la pura observación sin nombre ni forma que poseer, sin distinción alguna entre el veedor y lo visto, en la conciencia no-dual. Llevar el ego al ahora no implica movimiento, solamente es presencia instantánea y, por tanto, intrínsecamente liberadora. El ego queda desmontado cuando el testigo silente aparece, ahí no hay nada que hacer, salvo ser. Si el ego aparece, simplemente se ve aparecer, como las olas, y cuando se va, simplemente, se ve desaparecer. Así, de forma pacífica, sin luchar con nada, todo queda pacificado en el ancho y profundo océano del ser, donde distintos fenómenos aparecen y desaparecen como gotas de un mar infinito e imperturbable que siempre es.

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