Ahora es el único momento

Al encender la mecha del silencio, estalla la paz. Allí donde miremos, ya sea dentro o fuera de nosotros mismos (¿acaso puede mirarse fuera?) es el alma lo que vemos. El alma todo lo comprende, pues está en todas las cosas, sin diferencia, sin separación. Consagrarse a la unidad de la vida, a la integración del universo en el punto más íntimo de tu corazón, es comprometerse con el misterio, que como semilla del árbol sagrado, sirve los frutos de su verdad omnipresente. El pan que tomamos y que nos alimenta es como el aire que respiramos o el poema que nos hace volar como sensibles aves de lo etéreo. Meditar no es algo que quede fuera del vivir, no es algo que sólo hacemos con la reverencia excepcional de un acto sagrado. Meditar es vivir. Y el acto sagrado, el más sagrado de todos, es vivir. Sin esfuerzos, sin obstáculos que la mente se ponga, vivir, meditar, es sencillamente estar ahí, donde ahora estamos. Valora este preciso momento como un fruto que otorga el alma y tomarás el fruto más sagrado que la vida pueda darte. Así es cada segundo de conciencia, cada instante de compromiso con la verdad incesante del ahora, cada atenta mirada al Dios que habita en ti. Obsérvalo con todo tu sincero ser y Él te sonreirá tan amorosamente que imprimirá en ti una sonrisa eterna. Hazlo ahora, no lo dejes para luego, porque ‘luego’ no existe. Esta es la verdadera comprensión que ha de instalarse en nosotros, no de modo intelectual sino, sencillamente, de modo vivencial.
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