Reencuentro pleno

Sólo hay mirada,
contemplación de ti, de mí, de lo abierto y nítido,
de lo veraz, como el tacto de la lluvia
aclarando nuestros rostros con fresco y húmedo nacer.
Lo eterno se despide amando en su nunca irse, en su irse quedando
en lo insondable de nosotros. Se queda cómplice y desnudo
lo real desconocido, el pálpito de la verdad sonora,
el susurro de la interior melodía que nos reconoce y reconocemos.
Todo es reencuentro, abrazo lleno del ahora
en que despertamos nacidos, inocentes, purificados.
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