La visión total

Dijo el maestro zen Dogen que “nada se aparta ni se queda fuera del universo en este preciso momento”. El ahora es lo que se muestra siempre, lo demás son imágenes en el ahora. Este momento nunca se fue ni hemos de esperarlo, pues, totalmente limpio, trasparente, comprende todo comprender. Hablamos de un ‘comprender’ en su sentido más etimológico, como algo que de forma directa es atrapado (como el koan o acertijo que se nos desvela espontáneamente, al abandonar el intento de comprender), que está ahí, tras el velo de la mente, la vista o los demás sentidos y emociones vinculadas.

Desde cualquier plano la visión es exacta si los ojos miran la verdad del instante que surge. Se habla entonces del correcto mirar, de la visión o contemplación atenta. No hay otra comprensión que el comprender mismo de ‘lo que es’. Así, la flecha que lanza el arquero queda sujeta en el centro de la diana, ‘comprende’ la diana y su atención va directa a ella. Desde el momento en que apunta con el arco y lanza la flecha, ya ha visto, ha ‘aprendido’ la dirección de su intención. No es el arco el que apunta, no es la flecha la que realiza la acción, es la quietud atenta del arquero la que exhala el movimiento certero. “Transforma tu cuerpo entero en visión, hazte mirada”, expresó el poeta místico Rumi. Entonces la distracción, el temor, el mundo ilusorio, no pueden tocarte, porque todos los sentidos están puestos en la verdad que acontece, todo sirve a ello: al ahora.

El arquero es el arco, la flecha, la diana… y al mismo tiempo no es ninguno de ellos, ni él mismo. Esa es la entrada en la vacuidad, el sendero del alma, la ‘nube del no-saber’ a la que se refirió aquel místico anónimo de hace muchos siglos. La nube, siempre clara e impalpable, que recorre el cielo del Ser.

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