Calma y entrega

En el acceso al interior la calma de la mente es la gran apertura. Al calmarse la mente ésta se puede adherir sin esfuerzo a la presencia integradora de todo fenómeno en la realidad imparcial y receptiva del ser, ecuánime en su apertura a “lo que es”, a la aparición continua y directa del ahora, aprendiendo uno a liberarse de los conflictos que interfieren en la experiencia directa de la realidad.

¿Cómo llegar a ese estado, podríamos preguntarnos? Cualquier esfuerzo resulta innecesario, solamente añadiría tensión y eso nos alejaría. Encontrar la calma supone dejar de lado todo intento, supone una cierta renuncia, una entrega, una confianza en el ahora, rendidos a él como en un plácido sueño atento, que nos encuentra y en el que encontramos con el mero hecho de respirar, de ser, de movernos, de ver, de sentir, etc. Cada instante puede ser –es- ese encuentro auténtico con la calma interior cuando nos convertimos en el instante mismo, plenamente vivido.

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