Intuición del ser

Hay un cambio profundo en el paso de una atención controlada a una atención espontánea, no sujeta, expandida. En los Yoga Sutras, Patanjali formula la posibilidad del conocimiento liberador (tarakajnana) mediante un destello de luz sapiente (pratibah), a través del conocimiento intuitivo. Supone un estado que trasciende los demás, en el que la concentración (dharana), la meditación (dhyana) y la interiorización (samadhi) a partir de su dominio completo (samyama) conducen a un conocimiento de todo en conjunto (sarva), que deviene espontáneo y que medita –por tanto- en atman, el sí mismo, en la verdad plena de vivir “lo que es”. “A partir de ese destello iluminador [pratibah] el yogui lo conoce todo [esto es, al atman]”, señala Vyasa. Pues atman significa “yo” por encima del ego, conciencia del Sí mismo, no identificación con la individualidad que el “yo” ilusiona, sino experiencia en sí misma, observación entregada y fundida con lo observado.

Sin duda que puede el ser entregarse a su consciencia, en esa verdad tan relajante, tan interna. En la respiración se experimenta tal absoluto. Afirmó Kabir en absorción mística: “Dios es el aliento de todo lo que respiro”. La respiración se realiza a sí misma en un néctar de presencia, de auténtico ser no condicionado. Ya no queda nada por controlar, nunca hubo por qué controlar nada, la realización meditativa es profunda libertad: profundo hallazgo de la integración de las partes, de la unidad. En la exhalación -tras todo el conocimiento adquirido, tras toda la vida y experiencia adquirida- solamente hay la exhalación misma, purificación que guía al vacío a su origen; y luego de vuelta al nacimiento, la renovación, tras el encuentro previo con lo no nacido. Leemos en el Tao Te King: “Mantente vacío, y serás llenado”, en esa redentora experiencia de soltar, de relajar la mente de sus mareas, sucede que todo se reanima y vibra y amanece. Hay que repetirlo nuevamente: el ser nunca ha nacido ni nunca morirá, siempre lo supimos.

1 comentario:

Meri Pas Blanquer dijo...

De acuerdo, hay que vaciarse hasta arrancarnos los depósitos de calcio. Luego, estamos limpios, preparados para equivocarnos de nuevo, pero seremos más dueños de nosotros mismos, mejores.

Un abrazo amigo.

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