Ser lo que somos

La luz del acontecer puede sembrar la eternidad, hacer del tiempo y su continuidad un único momento, una íntima y única verdad, asentada en sí misma. Puede entonces el alma encontrarse siempre con lo que ella es, ¡qué gran liberación es esa! Saberse alma el alma, expresar su naturaleza de modo preciso, sin limitaciones de ningún tipo. Qué certeza tan real ser lo que somos. Vivir en la unidad, desplegando y mostrando ese rostro total de la verdad interior. Una voz conectada al corazón, directamente, dando su calor, como antorcha de virtud, a la vida, alumbrando el camino por recorrer, sea cual haya de ser la senda, pues en el amor no causal que surge del conocimiento del ser, es el amor mismo esa senda.

No hay camino para la duda o el temor (se quedan atrás) cuando lo que somos se sabe luz directa y acontecimiento ante cualquier acción que realiza. La acción, entonces, ya no es elección, sino la expresión misma del ser que la lleva a cabo, en su desapego actuante, en su hacer sin hacer. Esa es la espontaneidad virtuosa de quien no olvida en ningún momento escucharse a sí mismo y ser fiel compañero de esta voz que del interior recibe, su voz, unánime consigo. Una voz sencilla y limpia que nace con el mundo cuando el mundo nace, es decir, en todo ahora, a la vez que el mismo instante.

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