jueves, 30 de julio de 2009

Dichosa quietud

Es en la quietud donde reposa lo absoluto, hallándose la mente apaciguada y serena, recogida en un bello ensimismamiento de claridad. Pero la quietud necesita de un destello de movimiento para que aflore el ritmo espiritual (la respiración), pues como expresa una frase taoísta: “La quietud en la quietud no es la verdadera quietud” (Ts'ai Ken t'an). Yin necesita de yang como la noche del sol para poder completar su círculo perfecto de vida. No hablamos de una quietud circunstancial sino de una quietud que asume lo circunstancial de las cosas, elevándose sobre ellas. Es decir, a pesar del ruido de afuera (el mundo) o de dentro (la propia mente) es posible reposar en -observar desde- la quietud intrínseca que todo lo impregna y en la cual penetramos fácilmente a través de la meditación.

Nunca puede ser difícil llegar a la quietud, porque el meditador comprende que ya está allí y solamente tiene que posarse sobre ella, al igual que se posa la cabeza sobre una suave almohada. Esa almohada de agradable quietud es el aire que respiramos, el aliento vital con el cual conectamos conscientemente. Como dijo Peter Matthiesen: “En este preciso aliento que ahora tomamos yace el secreto que todos los grandes maestros tratan de transmitirnos”. La respiración nos conecta con la vida, alimenta al espíritu en este viaje de mortal ritmo aéreo, comprendiendo, que es con ella, con la respiración, con quien partimos inmortales hacia ese mar de lo eterno que es el fluir del alma en su dichosa quietud meditativa.

lunes, 20 de julio de 2009

La nueva conciencia (Manifiesto espiritual)


He comprendido que mi ser está en todas las cosas
al igual que todas las cosas están en mí.
He comprendido que soy todas las cosas
y que todas las cosas conforman el ser que soy.
Todos los elementos, los seres que he sido y seré,
luz, espacio, tiempo y eternidad… todo se revela ante mí
como un abrazo de entrega a la existencia completa y verdadera,
a ese milagro interior del corazón y su pálpito constante,
a este sueño de unión sagrada y profana con las cosas nacidas.
He despertado a la comunión con la conciencia del mundo,
surcando esperanzas en una sola melodía de bondad y expansión
convencido de que el amor puede sanar cualquier tristeza,
cualquier herida irreconciliable, cualquier odio banal.
He despertado al crepúsculo de la verdad del alma,
en su amanecer eterno de luz fraterna y comprometida
con todos los seres y cosas y estados y fenómenos
que conforman el mundo en que camino. Que me conforman.
Aquí está el sol. Tu luz. Mi luz. Nuestro mundo.
Tu existencia. Mi existencia. Nuestra vida. Nuestra luz.
Ven, despierta conmigo. Hagamos de esta unidad
un mar sereno de comprensión verdadera hacia el amor.
Hagamos volar al espíritu derribando fronteras y distancias.
Busquemos y encontremos juntos, mano a mano,
el milagro de la luna y del sol, de la mirada y de la sonrisa,
de la vida y de la eternidad. Busquemos y gocemos juntos
el aire elemental y puro de nuestra indestructible hermandad.
La luz única y brillante de todo lo nacido
y de todo lo que está por nacer.

El paraíso de hoy, no de mañana, es el único lugar
en que podremos habitar.

Con la verdad encendida y el ánimo sosegado
por la gracia del autoconocimiento

los cimientos de la esperanza surgirán solos
al mirar el íntimo fervor de la compasión,
de la igualdad, del corazón mío y tuyo y nuestro.
En un mundo de todos y para todos.

Elementos necesarios y únicos que configuran
la esencia del Ser con todos sus atributos movidos al unísono
por la conciencia universal del amor.
Por la conciencia nuestra nacida aquí y ahora,
en esta tierra, en este paraíso.
El paraíso que brota en el anhelo de cada ser.
En el interior de cada bondad.


Esta es la nueva conciencia, tan poderosa
como un abrazo de luz de corazón a corazón.
Escúchala. Siéntela.
Abrázala.

lunes, 13 de julio de 2009

Instante sapiente


La realidad se entrecruza con los sueños

surcando paisajes de esperanzas encendidas

en la habitable serenidad de la entrega.


En tu escondida realidad de verdades

los astros posibles pueblan visiones claras

sinceras llamaradas de diuturno frescor

y brisas de albadas en el amor por los comienzos.


Cimientos del ser se anudan sólidos

con la sonrisa del convencimiento sapiente

en la aventura de la esencia.


Tu esencia radica en el corazón

que el amor despierta. El amor

por el todo y nada más que el todo

de los ríos y los cielos y los océanos

y la materia entera e ilimitada del mundo

que la vida concibe y entrega

a la poética eternidad del instante.

De tu instante sapiente.

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