El maestro interior

El maestro interior, es decir, uno mismo, sabe –ante todo- que su relación con Dios –en última instancia- ha de ser directa, sin intermediarios. Esto puede darse como examen de conciencia, experiencia mística, revelación, intuición; o de otras múltiples formas. De esta manera, llegará a una conexión más pura con la verdad. El maestro interior tiene la última palabra. Él es quien procesa la información obtenida, él es quien interpreta, capta, concibe la verdad que le han intentado trasmitir. Él es el único que puede tomarla como verdadera o dejarla a un lado. Su conciencia.

Pero quizá no convenga distinguir entre tú, yo, el otro… pues todos somos uno, el Uno. “Sólo aquello que el Uno quiere puede ser en verdad agradable para cualquiera”, dijo Krishnamurti. No importa si yo me equivoco o si es el maestro “exterior” quien se equivoca. O si yo acierto o mi maestro acierta. Se trata –únicamente- de ver claramente, de distinguir lo real de lo irreal. El verdadero maestro es Yo, Brahman.

A menudo los buscadores espirituales hacemos esta petición procedente de una upanishad: “Condúceme de lo Ilusorio a lo Real, de la Oscuridad a la Luz, de la Muerte a la Inmortalidad”. La búsqueda está presente en el buscador, hasta que finalmente se disipa el sentimiento de búsqueda, incluso de ser el buscador. “Yo soy”, sencillamente nos decimos, sobran los atributos.

Más allá de las fronteras de la ilusión está la realidad, abierta e infinita. ¿Cuándo veremos claramente la realidad? ¿Seguimos esperando a despertar? ¿Creemos que nunca lo conseguiremos? ¿O que, sí, algún día, pero lejano, llegará la iluminación? Posponer es un error, sólo hay presente, sólo desde el presente actuamos y aprendemos. Sólo desde el presente llegaremos al despertar espiritual, a la iluminación, a la liberación. ¿Entonces, a qué esperamos? ¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy?

En verdad, no hay enseñanza que aprender. No hay ningún guión preestablecido de la realidad, de la verdad. Todo se está haciendo. Todo está surgiendo en este mismo instante, nuevo y total. No hay ningún dharma que no sea lo que yo estoy viendo ahora. En el capítulo I de la Ribbhu Gita leemos esto: “No hay ningún dharma, ninguna pureza, ningún concepto de verdad, ningún miedo. Puesto que sólo el Brahman es, ten la certeza de que no hay ningún no-Sí mismo”. Y esto otro: “El Gurú, en verdad, no existe; verdaderamente, no hay ningún discípulo. Puesto que sólo el Brahman es, ten la certeza de que no hay ningún no-Sí mismo”.

Ten la certeza de que tú eres tu verdadero maestro, de que solamente tú puedes conocer a Dios, a Brahman, y no necesitas de más intermediarios que tu propia conciencia puesta en observancia. Si tienes alguna duda, pregúntate que haría el Maestro en tu lugar. ¿Qué harías ahora si participases claramente de la Conciencia de Brahman, del Maestro?

En el “Ken Upanishad” leemos: “Si crees conocer bien al Brahman, entonces sabes muy poco de él, porque la forma de Brahman que ves como condicional en todos los seres no es más que una nimiedad. Así pues, deberías indagar más sobre el Brahman. Yo no creo conocerle, ni creo no conocerle, y no obstante le conozco. El que sabe que Él es distinto de lo conocido y de lo desconocido, ése Le conoce”. Es, y, la comparación es mínima, como intentar conocer el universo mirando la inmensidad que ante nuestros ojos se descubre. Más allá de lo que nuestros ojos ven del universo se esconde una inmensidad excepcional. Lo mismo ocurre a mucha mayor escala si cabe con Dios. Si nosotros somos Brahman, si el universo es Brahman, si aquello que ni siquiera concebimos que forme parte del universo -porque lo desconocemos- es Brahman, entonces, al menos, la humildad de conocedor de lo divino puede guardar silencio y enamorarse –en rapto místico- del misterio de su Amor. “Aquel que Le realiza [dice el Ken Upanishad] en cada latido (bodh) de conocimiento y consciencia, ése alcanza la inmortalidad”. La luz del conocimiento brilla intensa en el corazón de quien la realiza. Llegamos a la Luz y la certeza se proclama. No hace falta convencernos –ni que nos convezcan- de ello. En cada respiración, en cada latido del ser, cuando la Unidad se manifiesta, se disipa todo sentimiento de dualidad. No hay elección. No hay mal ni bien enfrentados. El camino correcto está por encima de la moral, de la ética. Es un camino sagrado. No sé trata de definir, de conceptualizar, de llegar a una teoría legítima y lógica de Dios. Se trata de vivirlo intensamente. De experimentarlo. Y esa experiencia no te la puede dar ningún otro maestro que no sea el Maestro (Dios, Brahman, Babaji, el Padre, el Amado, etc.)

En el “Atma Bodha”, Adi Shankara manifiesta que “sólo a causa de la ignorancia el Ser aparece como finito. Cuando la ignorancia es destruida, el Ser, que no admite ninguna multiplicidad, revela verdaderamente su Ser por Sí Mismo, como el sol cuando las nubes se apartan”. En esa Unidad manifiesta de todas las cosas, interiores como exteriores, vemos más allá de sentimientos de agrado o desagrado, pues se elimina toda identificación egoísta. En el trabajo basado en la acción consciente para habitar en el estado de unidad (kriyayoga) nos limpiamos de impurezas e ilusiones, ignorancias, apegos e insatisfacciones, entregando nuestro trabajo, nuestro servicio, nuestras ofrendas, a la Conciencia Superior, para regresar a ella, como quien regresa a su hogar, tal que Ulises, después de la batalla épica, para volver a reinar el Yo, el Atman, con la sabiduría de la experiencia, pero, sobre todo, con la sabiduría de haber seguido siempre una voz interior cada vez más sonora y profunda, que nos desveló el camino hacia nosotros mismos, hacia el Ser, hacia la Verdad.

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