Elogio del amor


La vida nos alcanza dichosa con su torrente de amor, nos invita a compartirlo con el mundo y a sentirlo dentro de nosotros de una forma cada vez más intensa, pues no hay mayor felicidad que experimentar el amor puro en lo más profundo de nuestro corazón.

El amor es la semilla de la vida, un claro manantial sin límites del que bebemos día tras día, para aliviar la sed que produce el sufrimiento.

Amor y sufrimiento van íntimamente unidos. En verdad, el sufrimiento es una forma de amor. Jesús en la cruz sufrió y amó al mismo tiempo por todos nosotros. La entrega incondicional -que representa el amor verdadero- requiere de generosa sinceridad.

Sentimos felicidad con la vivencia de un amor que culmina en la verdad de la compasión, en un espíritu bondadoso que comprende la realidad de su destino, el sentido final de esta experiencia que llamamos vida.

La realidad del amor va más allá de la vida, afirmando un sentido por y para sí mismo. Una puerta a través de la cual nuestra entrada es bendecida. La esperanza se construye con el anhelo de amar, con la certidumbre de esta experiencia como vía de realización.

En la esperanza resplandece la entrega, la confianza, la identidad eterna. El ser espiritual bañado de luz, amor y verdad.


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