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¿Quién soy yo?

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Ante la pregunta: ¿Quién soy yo?, surge un silencio profundo, oceánico... Decir Yo Soy es identificar al Yo con Ser, pero si vamos más allá, diríamos ser, solo ser, sin yo... Y todavía más allá queda el silencio solamente, que responde a la pregunta y sustituye, cuando la búsqueda cesa, a la pregunta misma.

Contemplación

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Habitante de lo inhóspito
aquel que llega al silencio,
contempla y enmudece,
escucha la voz del espíritu.
Salvaje gramática sin palabras
hay en el desnudo ahora.
Sólo latidos de vida,
respiración y sollozo,
conciencia pura
abrazando el todo
y la nada.

Más allá de la conciencia

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Los deseos de la mente no son tus deseos. Puedes observar a la mente proyectando deseos, carencias, ilusiones, planes de futuro, dudas... Puedes observar a la mente sin identificarte con ella, como un testigo impersonal que a nada se aferra. La naturaleza del ser es la conciencia impersonal que a nada se aferra. Por ella todo surge, pero nada la condiciona. Nada la toca, y por ello es perfecta. Sin dualidad. Sin identificación concreta. Siendo todo y nada. Tú eres el Ser. Tal conciencia perfecta. Y más allá de la conciencia todavía. Tú eres lo Absoluto.

No dualidad

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Sin dos, sin palabras, sin conceptos.  En la no mente la totalidad descansa, callada, pacífica, no nacida, sin opuestos.  Unidad que todo lo abarca y nada reclama, original, intocada, sin nombre, ni forma o cualidad.  ¿Aquello que no tiene opuestos a qué puede oponerse, qué límites encuentra, qué obstáculo le puede acontecer?  La verdad de esta conciencia pura es amor, amor de nadie y hacia todo, como un sol cuyos destellos iluminan este ser que amanece y que permanece iluminado por sí mismo, en su original amor de ser, en su conciencia universal dadora de vida y ausente de dualidad.

Océano del ser

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Siempre es posible reconocer de manera directa la naturaleza real de uno mismo. Lo naturalmente obvio no necesita palabras ni rodeos o explicaciones. ¿Cómo explicar la presencia del sol si nos deslumbra con solo mirarlo? Así es la presencia del ser. Deslumbra de verdad, en su verdad presente, silenciosa, en ese espacio abierto donde toda manifestación o acontecer es acogido. Pues el vacío acoge, abraza todo sin distinción, al igual que toda el agua del mar es acogida por el océano en su pacífica inmensidad. En este instante reconoces tu naturaleza real, el océano del ser, la verdad, lo que siempre ha sido, es y será.

Descanso

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Descanso en la infinitud de mí mismo.  No hay nadie ahora, ni yo tan siquiera. La noche vela en el crepitar de una llama.  Pronto ha de llegar el sueño.  No hay nadie en la infinitud de este instante.  Todo sucede. Todo parece abrirse a lo sin nombre.  Todo calla y es perfecto.  Todo descansa, sin saber más nada,  en la infinitud de nadie.

Este momento

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No hay más que este momento. Este momento para ser, este momento para darse cuenta. Y no hay que hacer nada para ello. Ser funciona solo, es tu naturaleza: y desde el ser fluye la existencia. Darse cuenta funciona también solo. Ahora mismo puede verse este momento que Es. Sin más, en la desnudez de ser todo queda desvelado.

Fluir

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Permite que el espacio vacío, sin nombre, de la conciencia, acoja al corazón, en la inmensidad de un amor que envuelve el todo y hace fluir la vida con la naturaleza de su ser: libre y espontáneamente.  Qué belleza dejarse llevar por el curso natural del río de la vida, movido por la fuerza fluyente de un amor que te guía confiado, sin saber nada, sin esperar nada, solamente abrazando lo que es, en la inocente mirada de lo esencial.

Meditación sin tiempo

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Se escucha el murmullo del silencio en este instante de meditación sin tiempo. Vibra este momento en la plenitud de su presente, en su ser entregado a un continuo surgir de simultaneidades.
Todo sucede ahora, todo se origina ahora. Y el sujeto que observa desaparece en el no tiempo, en la no mente.
No hay sujeto, ni objeto, ni verbo. Solamente hay este ver arrojado a este momento, acaso suspendido en lo eterno.

Conciencia, corazón

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La conciencia y el corazón forman  una misma dimensión de verdad y ecuanimidad. La conciencia está abierta, observando el mundo, sin juzgar, con atenta y amorosa mirada de acogimiento. El corazón es el  origen y motor que da vida a la conciencia, la conciencia de ser, que es amor, amor entregado a este instante, entregado por completo a cada momento sin tiempo.

Eres lo Absoluto

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No eres lo que cambia, tu esencia no es impermanente. La conciencia ve sin identificarse con nada. La conciencia puede ver también al ego, que es quien se identifica. La conciencia tampoco es lo que eres sino algo que aparece y muestra este mundo cambiante. El testigo observa pero sabe que no es de este mundo. Su reino no puede nombrarse, ni siquiera imaginarse. Pero al mismo tiempo, lo es todo. El testigo lo es también de la conciencia. Y cuando la conciencia no estaba y no había nada que atestiguar, lo absoluto permanecía, innombrable, pero real y verdadero.

El misterio

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Permite que el misterio te guíe, esa sensación antes de que llegue cualquier palabra, esa sensación que es vida manifestada, totalidad, energía... Escucha tu respiración, ahí se encuentra el secreto, el misterio que te anima y te conduce a tu propio ser. Pero no has de ir a ningún lado. El ser está y siempre ha estado aquí y ahora. Eso es lo que eres. Solamente hay una toma de conciencia que te permite darte cuenta de lo que ya eres. Y el misterio se hace presente, así como el sol brilla otorgando luz a este mundo, sin saber cómo ni porqué motivo esto empezó a suceder. Esto es el Tao, el misterio que sacraliza la vida y la envuelve, al mismo tiempo, de inmensa y secreta belleza.
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